ORÍGENES

DE LA

LENGUA ESPAÑOLA.

ORÍGENES

DE LA

LENGUA ESPAÑOLA

COMPUESTOS POR VARIOS AUTORES,

RECOGIDOS

POR D. GREGORIO MAYANS Y SISCAR,

BIDLIOTECAIUO DEL nEY,

PUBLICADOS POR PRIMERA VEZ EN 1737, T REIMPRESOS AHORA POR LA SOCIEDAD «La AMISTAD LIBRERA»,

CON l'N PRÓLOGO

DE D. JUAN EUGENIO HARTZENBUSCII ,

V NOTAS Al. DIÁLOGO DE LAS LENGIAS 1 Á LOS ORIGINES DE LA LENGUA, PE IAT1RS,

POR D. EDUARDO DE MIER.

ADMINISTRACIÓN,

LIBRERÍA DE VICTORIANO SÜAREZ, ealle de Jacometrczo , número 72.

1873.

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MADRID.— IMPRENTA y ESTEREOTIPIA de m. rivadeneyba, calle del Duque de Osuna, número 3.

PROLOGO,

La obra intitulada Orígenes de la Lengua española, compuestos por varios autores, recogidos por D. Gregorio Mayans y Sisear, cons- ta de dos volúmenes en 8.°, impresos en Madrid en el año 1737. Ocupan el primer tomo (y en nuestra opinión acertadamente) un tratado sobre dichos Orígenes, obra del D. Gregorio Mayans , y una Oración en que se exhorta á seguir la verdadera idea de la elocuen- cia española, producción, asimismo, del insigne erudito. El tomo n se llena con obras que no son de Mayans , y es la primera que se incluye el célebre Diálogo de las Lenguas, que gozaba de gran es- tima entre nuestros doctos antes que Mayans lo publicase, y con la misma, ó quizá mayor estimación, ha corrido desde que apa- reció en estos Orígenes, los cuales no habían sido reimpresos, y eran apetecidos de los curiosos, y difíciles de adquirir y caros los ejemplares que salían á la venta. Convenia reproducirlos; y el ejemplar destinado á servir para la presente edición , parecía haber sido tiempo destinado al efecto, ofreciendo la particula- ridad de habérsele raspado y trocado con solicito esmero en la an- teportada, portada é índice de lo contenido en ambos volúmenes las íes numéricas, precedentes á las palabras tomo i y tomo II, cam- biando así en primero el segundo y el segundo en primero, sin poner nota alguna en el ejemplar que justificara , ó explicase á lo menos, la razón del cambio. Puédese, empero, imaginar que como el Sr. Mayans declaraba desde luego ser los Orígenes opúsculos de varios autores, creyese el presunto, y de nosotros desconocido, editor, que la obra más antigua debería ir colocada primero, en

VI ORÍGENES DE LA LBNQUA BSPAffOLA,

cuyo caso el Diálogo d°, las Lengua» babria justamente de preceder ;il Discurso sobre los Orígenes. Don Juan Iriarte, en su aprobación de la obra, trató también primero de] Diálogo ds las Lenguas, y concluyó hablando, como de paso, de los Orígenes: sospechamos que de allí nacería la idea de querer reimprimir la obra, antepo- niendo el segundo tomo al primero, idea que han seguido los edi- tores de esta reimpresión, y (pie ni aplaudimos ni reprobamos, pues al fin toda la obra se reproduce; si bien aconsejaríamos al que la leyera que, respetando la voluntad del autor-colector, principiase este libro por la pag. 287, en que se abre el texto de los Orígenes, los cuales, aunque no sean lo más antiguo, y por lo mismo lo más curioso, no dejan por eso de ser, en mi concepto, lo mejor de la obra. El Diálogo de las Lenguas, escrito de inmenso valor en su tiempo, es más curioso ya que útil en nuestros días: tenía el autor sus caprichos, á que el tiempo no ha querido ajustarse; te- nía infundadas antipatías, que ni en aquel tiempo ni en éste fue- ran justificables, ni merecen disculpa, como su aversión al céle- bre gramático, Antonio de Nebrija , que , no por ser andaluz , dejó de saber admirablemente su lengua y otras , como muchos de su país, ilustre y rico en todo; muestra, en fin, á veces el autor del Diálogo más desenfado que fundamento. Don Gregorio Mayans, que defiende á Nebrija, sin dejar por eso de encomiar debida- mente al Dialogador, sea quien fuere, se coloca en el digno pues- to de la razón y de la justicia.

A la aprobación ó censura ó dictamen de D. Juan de Iriarte precede en la primera edición de nuestra obra otra censura de D. Manuel Francisco Rodríguez de Castro, Dean y Canónigo de la Iglesia de Santiago, papel más breve que el de Iriarte, quizá más aprovechado, no menos oportuno. La idea que da de la obra com- prende en su concisión cuanto puede alegarse en su elogio, y hace inútil el nuestro, que no por prolijo sería más atinado, propio y merecido. Señala Mayans, como no podía menos, por principal origen de nuestra lengua el idioma latino; y aunque sea punto éste ya bien averiguado , y Mayans lo trate con singular acierto, pensamos que tal vez no aparecerán impropias aquí las breves y vulgares observaciones que siguen.

Casi todos los españoles rezamos cada día la mejor de las ora-

prólogo. vir

ciones, obra de la sabiduría del mismo Dios, la del Padre nues- tro. Dice así en nuestro actual lenguaje , porque algunas leves di- ferencias ha ofrecido en tiempos anteriores: «Padre nuestro, que estás en los cielos : santificado sea el tu nombre, venga á nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada dia, dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos á nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos de mal. Amén.» Casi diez y ocho siglos y medio que fué por N. S. Jesu- cristo enseñada esta oración á las turbas de Galilea; no sabe- mos desde qué año sería introducida en España ; pero se sa- be que entonces se hablaba en España latin , y que el texto la- tino del Padre nuestro dice de esta manera : «Pater noster , qui es in coelis: sanctificetur uomen tuuin, adveniat regnum tuum, fiat voluntas tua, sicutin coelo et in Ierra. Panem nostrum quoti- dianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentatio- nem, sed libera nos a malo.' Desde luego se nota ser iguales en el texto latino y el castellano el verbo da, y el pronombre nos, que precede á inducas: son ademas no poco parecidos Pater á Padre, noster á nuestro, qui á que, in á en, ccelis y coció á cielos y cielo, nomen á nombre, adveniat á venga á, regnum á reyno, voluntas á voluntad, térra á tierra, panem á pan, nostrum, nostra y nostris á nuestro, nuestra y nuestros, hodie á hoy, debita á deuda ó deu- das, debitoribus á deudores, tentationem á tentación , libera nos á lí- branos, malo á mal. La mayor parte, pues, de las dicciones con- tenidas en la Oración dominical española tienen semejanza y cor- respondencia con sus originales ó análogas en el Padre nuestro latino. Pero hay más aún, y es que las voces del Padre nuestro español, que no ofrecen semejanza con las correspondientes en el texto de la Oración dominical latina , la tienen con otras voces latinas, también aplicables al caso. Dice el texto latino qui es in ccelis; decimos nosotros que estás : pues bien , la voz estás es la- tina asimismo, tomada del verbo sto, cuya segunda persona del presente de indicativo dice stas, que es la misma dicción, omi- tiendo la e con que principia en nuestro idioma. Nuestros ar- tículos el, le, los, la, aunque el latin no usa de artículos, están

VIH ORÍGENES L>K LA I.KNM \ ÍSPAÍOLA.

formados sobre loa pronombres latinos Me, Uta, illos. El verbo en voz pasiva sanctificetur aparece vertido al español con las dos pala- bras, tantiflcado acá, de procedencia latina las do-,, eeto es, tanctifi-

Cut<> . n srJeat, porque el subjuntivo de sedeo fué sustituido al de tum en la formación embrionaria del español lenguaje. Lo mis- mo acontece con las demás palabras del Padre nuestro en el ac- tual idioma de España, como se puede ver, trasladándolas á la- tín bárbaro de esta suerte, prescindiendo de declinaciones, con- jugaciones y reglas gramaticales propias, como de todo esto se prescindió al ir formando del latín el idioma nuevo, que ahora es el nuestro: 'Patre nostro, qui stas io illos coelos: sanctificato se- deat ille tuo nomine , veniat ad nos Ule tuo regno, faciat se lúa vo- lúntate ad sic in illa terrá quomodo in illo cmlo. Ule pane aostro de quota die da nos ¡lie bodie, et per-dona nos costra debita ad sic quomodo nos alteros per-donamus ad aostros debitores. Et non nos laxes cadere io illa tentatione, magis libera nos de malo. Amen.»

Tómese el texto de la Oración del Señor en las lenguas griega, gótica, árabe, hebrea y vascuence, y se verá que solo nos ofre- cen alguna que otra voz parecida á las del texto castellano: es evidente, pues, que las palabras de nuestra Oración dominical no provienen del hebreo, del griego, del gótico, del árabe, del vasco, ni de ninguna otra lengua de las que en España se hayan habla- do, sino déla lengua romana ó latina. Ahora bien, lo mismo acontece á cada paso con trozos muy extensos de nuestros li- bros ó de nuestras conversaciones, que dejarían fuera de duda (si la hubiese) que el idioma español de los siglos modernos se formó sobre aquel otro idioma de nuestros dueños, que dominó en España muchos siglos antes, mal que nos pese. Eso sí, tam- bién pueden citarse trozos de castellano en que abunden palabras de origen griego y de otras lenguas, que ya no se hablan; tam- bién tenemos en nuestro romance porción de voces de lenguas vi- vas. Los orígenes del idioma español, como los de todo idioma, pueden dividirse en antiguos y modernos: unos que obraron en su tiempo, los otros que obran hoy día. Nacido el hombre para la sociedad , no puede evitar el roce y los efectos del roce de to- dos aquellos con quienes conversa; toma de unos, y da á los

otros; toma á veces cuanto le hace falta; toma á veces también más que necesita : recibe unas veces la ley, otras la impone. En la primitiva España hablaron varias lenguas bus antiguos habitan- tes, como nos enseña Mayans; entraron ó penetraron en ella tur- bas y ejércitos de otras naciones; la dominaron sucesivamente toda romanos y godos; dominaron gran parte de ella después los árabes; tuvo luego trato continuado y estrecho con italianos, ame- ricanos, alemanes, franceses é ingleses : de todos ha recibido algo su idioma, espléndida vestidura de tela romana, con adornos y recamados de muchas y diferentes naciones. El tratado de los Orí- genes, que reimprimimos al Sr. Mayans, nos hace ver, si no todo, mucho de loque debemos a cada una. Desde que él lo publicó, se han hecho estudios que añaden harto á los suyos; pero contando siempre con ellos: la utilidad de la obra es siempre grande, aun- que necesite de otras para completarla, complemento que todavía, para ser cabal, necesitará algunos siglos. Habiéndonos ocupado nosotros también en esta materia , copiamos aquí los trozos que siguen, tomándolos del discurso de contestación al de nuestro ami- go, D. Pedro Felipe Monlau, al ingresar en la Academia Española el dia 29 de Junio de 1889.

Sostiene el Sr. Monlau que el latin se había ya vuelto caste- llano hacia el siglo x; faltándonos documentos extendidos en ro- mance por aquella época, ¿de qué recurso nos valdremos para probar lo que el nuevo Académico da por seguro? A falta de es- critos en la lengua vulgar, á la cual, como niña entonces, no le permitían explicarse de oficio por sí, habremos de acudir á la lengua madre, caduca ya y desmemoriada, que, pretendiendo sostener el lenguaje de su juventud gloriosa , tropezaba á cada paso con las infantiles voces de su hija, indocta, pero traviesa, de quien se veía heredada en vida. Oid , Señores, una muestra de voces pertenecientes al castellano antiguo, que se hallan en documentos latinos del siglo x (i). Acenias (aceñas), adiusso

(1) Pudiéramos principiar esta lista por el sobrenombre de Abarca, con que se distinguieron dos Reyes de Aragón, D. Sancho Garces II, que entró á reinar en el año de 905, y el hijo de D. García Sánchez I, D. Sancho Gar- cía, cuyo reinado principió en 970.

X ORÍfiENKS DE LA LENGKA E8PAf?0LA.

(ayuso, abajo), adta (hasta), aldeola (aldehuela), ,>lfoz, algoton (algodón), altuha (aljuba), alongado, arretomas (redomas), azuli (azul), barbechar, barrio, barro, bellaco, bezerro y bezerros, ca- balleros, cabello, cabezas, camino, cárdena y cárdenas, cargato (cargado), caM. miares 'castañares), causas (con el significado de cosas), cerca (por cercado), cerca de, cerro, ciriales; la preposi- ción con, usada en la singular expresión cruces tres con plata (1); copas, coto, cubas, cuevas, cuerno; la preposición de con artículo [de la Cueca, del Quadro); deuesa , divisa y devesa (dehesa y dehe- sas), eo (yo), espinazo, espinosa, ermida (ermita), fenar (henar), foios (hoyos), fueras, forcia (fuerza), ganancia, gallegos y galle- güelos , hermana, homiciero homicida), ieguas, incrucillata (en- crucijada), infanzones, ladera, lagares, lanzada, káscaras y kas- carellas , lavandeiras , linares , loveros , maiuelo (majuelo) , mayor- domo, mantas, malandrines, manteles, Mata vellosa , matera (ma- dera), mesa, murillos, nugares (nogales ó nogueras), olivares, olmo, páramo, perales, pinzón, portales, portillo, potros, poza y pozo, prado, presa, ravanal, vanos, realengo, rebollo, ribera, rio, saia , sernas , silos , sirgo, spolas (espuelas) , tela , texera , tien- das, toro, torre, troncos, vadiello (vadillo), Valderatero, vallejo, varones, Villaexcusa , Yillaverde. zapata , zancos y zumake : todas estas voces constan en documentos anteriores al año 1000, hasta hoy tenidos por verdaderos, y muchas son nombres de loca-

Las palabras que se citan después, se han copiado de laa obras si- guientes :

España Sagrada, tomos xvr, XVII, xvni, xix , XXVI, XXIX, XXXIV, xxxvi, xxxvn , xxxvin y xl.

Bekganza, Antigüedades de España, tomo II.

Historia del Real Monasterio de Sahagun, sacada de la que dejó escrita Fr. José Pérez ; corregida y aumentada por Fr. Romualdo Escalona.

Llórente, Noticias históricas de las tres Provincias Vascongadas.

González (D. Tomás), Colección de privilegios , franquezas , exenciones y fueros, copiados del Real Archivo de Simancas.

Muñoz (D. Tomás), Colección de fueros y cartas-pueblas.

Ademas se han sacado algunas voces de documentos sueltos, que posee la Real Academia de la Historia.

(1) España Sagrada, tomo xvili. documento del ano 962, que princi- pia en la pág. 355.

PRÓLOC.O. x i

lklades, que no habrían sido tituladas en el año propio de la escritura: con que -debían pertenecer , por lo menos, al si- glo anterior. Y en efecto, á pesar de que los pergaminos del siglo ix escasean mucho, todavía se pueden rebuscar en ellos vocablos de nuestro romance antiguo , como los siguientes : ace- veto (arboleda de acebos), azoreras, baqueros, barrio, bra- gas, calabazas, calzada, coba (cueva), cortes (haciendas), cu- pos (cubos), defessas (dehesas), encina, era (la de trillar), faza (haza), ferrera (herrera), fidiador (fiador), ficares ó figarias (hi- guerales é higueras), foz (hoz), fresno, fuero, junqueras, laguna, lenzo (lienzo), linares, manto, manzanares, marcos (marca) , mo- linos, ñora (nuera), paratas (paradas), penna do vado (peña del vado: nótese el genitivo del artículo gallego o, usado el año 88G en Orense) (l); pinedo, pozales, rubiales, sala, salcedo (arbo- leda de sauces) , sígnales y signas (señales y señas) , torres , Val de A vuelo , vereda, Villares y Víllarozada. Poquísimos documen- tos nos quedan del siglo vin; mas aun despunta en esos pocos nuestro romance en las voces abólo (abuelo), arroyo, averes, barra, cantón, cavanas (cabanas), Fontecubierta , garabatos, Monteretondo (Monteredondo) , negrellos (negrillos) , palmar, pe- ndías (peñuelas) , rozas , soutos (sotos) , Tras Deza , veigas (ve- gas), vereda y zerzeta. Hemos llegado á los principios del si- glo vin, tristemente célebre por la invasión de los árabes en nues- tra Península: colocados á tal altura, descansemos un poco, y reflexionemos.

Ningún escritor de aquella época nos dice que se hablase ya en España el romance; ningún escrito en romance poseemos de aquella centuria , ni aun de mucho tiempo después : verdadera- mente, Señores, parece poco sesudo empeño darse á creer que existiese nuestro vulgar idioma, con más ó menos rudo carácter, mil y cien años há. Sin embargo, como dice el Sr. Monlau , y como toda la república de los doctos entiende , nuestro romance se for- mó con especialidad sobre el idioma latino: de manera que al hundirse en el Guadalete la dominación de los godos y consti- tuirse la nacionalidad española entre las asperezas de Asturias, ó

(1) España Sagrada, tomo XVII, pág. 245.

XII ORÍGENES DB L I

se hablaba en nuestra Península el latinaún,óse hablaban ya uno ó varios dialectos hermanos, hijos todos, no contando el vas- cuence, do la lengua latina. Pues bien, en la iglesia de Santa Cruz de Cangas, dedicada .il culto por el Rey D. Favila, en el año de 739, leyó y copio Ambrosio Múralo [\] una inscripción , gra- bada allí en piedra, donde se decía cum pignora en vea de cum pignoribu8 , amén de otras locuciones sin concierto alguno. En escritura del año Tí;; ■>,, designando los términos de una pose- sión, se lee que vadii mi villam quot vocitant Cavanás,el ubi intrat Flamoso ¡n Mineo (va á la villa ó heredad que llaman Cabanas, y de allí adonde el Llamoso entra en el Miño : Flamoso por FUtmosus y quos por quam. En otra escritura del año i se lee quem en lugar de <¡uas; villas quam adquisix i. En otra de 7o(.> í , mecum sororum en lugar de mecum sórores: mis her- manas conmigo. Con las fechas de 7 72 y 77. "> (8 , quorum basíli- cas fúndala suñt in loco qui dicitur l'ontecerce; quorum basílicas fúndala' suntinloco qui dicitur Valle de Dondisle: basílicas por basilicat. Con fecha de 78 1 (6), venimuscum averes nostros: habe- res, palabra romance; ct/m, rigiendo acusativo. Añádanse á éstos los nombres propios de Luponi, Trasildi, Ricilone, Felice, Geme- no, Dulcidu, Censerigo y Berosindo, usados ó como nominativos ó como indeclinables; y fuerza será convenir en «pie las personas que extendían tales documentos ignoraban de fijo la declinación y el uso de las partículas latinas y hasta las oraciones de sum, es, fui. En vano se replicará que aquellos mismos hombres acerta- ban á poner cláusulas más difíciles en latín regular: nacía eso de que tenían formularios antiguos, hechos en buen latín, de los cuales tomaban cuanto les convenia para cada instrumento que les ocurría ordenar; pero como no todo lo habían de hallar en el formulario ó modelo, donde les faltaba éste, ingerían un des-

(1) Morales, Crónica, tomo vn, pág. 44.

(2) España Sagrada, tomo IV, pág. 354.

(3) España Sagrada, tomo IV, pág. 357.

(4) Llórente, Noticias históricas de las Provincias Vascongadas, pri- mer documento.

(5) Berganza, Antigüedades de España, tomo II, pág. 370.

(6) Morales, Crónica , tomo Vil , pág. 88.

PRÓLOGO. XIII

propósito gramatical, porque escribían una lengua que no era la suya. No están esos documentos escritos en un idioma vivo, pero viciado, no; están en un idioma muerto, que no se sabe. Otro te- nían que hablar los españoles en el siglo vm ¡ las palabras que hemos citado antes nos dicen cuál era, y la historia de otros paí- ses contribuye á probarlo.

Cierto religioso de un convento de Fulda, llamado Rodolfo, que falleció por los años del Señor 8üo, refiere en la Vida de Santa Liaba (l), que acometido de convulsiones un español , por haberse bañado á mala sazón en las aguas del libro por castigo de sus culpas quizá), peregrinó recorriendo santuarios por Francia, por Italia y por Alemania, hasta Fulda, donde recobró milagrosamen- te la salud , haciendo fervorosa oración ante el sepulcro de San Bonifacio. Atónito con el prodigio un testigo ocular, el venerable Firmado, monje presbítero, entró en conversación con el pere- grino; pues «como era italiano el monje, tenía (dice Rodulfo) co- nocimiento del español.' Ocurrió este singular suceso hacia el año de 112 . á lo que se cree: de manera que en el último tercio del octavo siglo, un italiano y un español podían entenderse. ¿Cuál sería entonces el lenguaje vulgar en Italia? En documentos otor- gados en aquella península desde el año 730 al de 804, todos en latín corruptísimo (2), se ve ya usado el artículo femenino la, :-e hallan las palabras rio, verde, suso, dará, con v y sin t, fué, fice, cambium de casas, corre via pública, y hasta la vulgar expresión calsato e vestito, calzado y vestido.

mediados del siglo vi volvió á poder de los Emperadores de Constan tinopla la parte de España que llevaba el nombre de pro- vincia cartaginense, merced al valor de Comiciolo ó Comenciolo, general bizantino. Por los años de 579 guerreaba Comiciolo en Tracia contra el Rey de los llunnos Jagano; y hallándose poco dis- tantes ambos ejércitos una noche, y ambos en marcha , cayo-de

(1) D'Achery Y Mabillon, Ar/n Sanctorum Ordinis 8. Benedicti, si- glo III , parto n , pág. L'33 de la edición de Venccia, hecha en 1734.

(2) Historia universal, por Cesar Cantú, traducida directamente del italiano (y oportunamente anotada) por D. Nemesio Fernández Cuesta, tomo III , pág. 875 y siguiente.

Del mismo Cantú, Histoirc des Italicn?, tomo I, apéndices.

xiv orígenes de la lengua esi-aSola.

la carga á una caballería, perteneciente á los bagajes de Comicio- lo, sin que el soldado cuya era lo echase de rer. Advirtiéronlo

sus compañeros, y diéronle voces para que volviese; voces que, oída- y repetidas por los demás, les hicieron creer que los bár- baros los habían sorprendido; con lo cual todo el ejército bizan- tino se puso en fuga. Oyendo los Himnos las voces y estrépito de los otros, tuviéronse por perdidos también, y echaron á correr precipitadamente por otro lado: así, dos poderosos ejércitos hu- yeron de nadie, por haberse desatado la carga de un mulo. Aho- ra bien, las palabras con que llamaron si inadvertido soldado sus camaradas , trasmitidas á la posteridad por los graves escri- tores griegos, Teófanes y Teofilacto, fueron éstas, Señores: «Tor- na, fratre; torna, retorna.» Estas palabras pertenecían á un idio- ma semejante al latino; pero no eran ya verdadero latin : el verbo latino clásico torno , tomas no significa retroceder, sino tornear, trabajar al torno, ú otra acción parecida; y en cuanto á la pala- bra fratre, ablativo usado por vocativo, ningún romano que su- piese su lengua la hubiera empleado. Ei habernos conservado los historiadores griegos esas palabras, manifiesta sin duda que á la sazón eran ó muy comunes ó muy singulares: en el primer caso, todos los soldados latinos de Comiciolo hablaban un idioma vul- gar; en el segundo, lo hablaban algunos. ¿Á qué nación pertene- cerían? Mr. Raynouard (1), que cita la singular aventura en su Colección de Poesías originales de los Trovadores, entiende que los que gritaron «torna, retorna», fueron probablemente francos, ó españoles de la provincia que habia sometido antes y rigió des- pués Comiciolo.

»Por los años de 527 ocupó Justiniano I el trono de los Césares en la ciudad insigne de Constantino; y moviendo guerra á uno de los Reyes bárbaros que iban estrechando con sus conquistas cada vez más los limites del Imperio, venció y prendió en el cam- po de batalla al monarca enemigo. Sentado el prisionero bajo un

(1) Raynouard, Choix des poésics originales des Troubadours , tomo I, páginas VIII, ix y x de la introducción.

Aldrete, Del origen y principio de la lengua castellana (Roma, 1G0G), página 154.

PRÓLOGO. XV

majestuoso dosel al lado del César, le exigió éste que restituyera al Imperio las provincias que de antes le tenía usurpadas. 'No las daré», contestó en latin el bárbaro, según refiere el cronista francés, Aimonio : non dabo. Quísole replicar Justiniano, diciéndole que tendría que restituírselas; y dejando ya de usar el idioma latino en que departían, el Emperador no repuso dabis; le dijo: darás. Expresión de tal extraíieza , pronunciada en tan solemne momento, dio lugar á que, fundando una ciudad en aquel para- je, recibiese el nombre de Darás ó Dáras; la acentuación de la sí- laba no es de grande ínteres.

Guillermo Schlegel no presta fe á la relación de Aimonio, pa- reciéndole de poca autoridad un cronista francés del siglo x, tra- tándose de un Emperador bizantino del siglo vi. Yo acato profun- damente la sabiduría de Schlegel; pero no entiendo cómo un crí- tico del siglo actual ha podido saber de cuántos y cuáles docu- mentos históricos disponía el escritor franco del siglo x.

»La explicación del hecho es, á mi parecer, muy sencilla y creí- ble. San Isidoro , metropolitano de Sevilla , que falleció por los años de 636 , nos dice (1) que en tiempos anteriores se había in- troducido en Roma una lengua latina mixta , resultado de los so- lecismos y barbarísmos con que desfiguraban el idioma de Cice- rón los habitantes de las provincias de aquel vasto Imperio. El Rey cautivo de Justiniano no sabría más latín que el del vulgo, el más fácil; hablaría, por consiguiente, mal; y el Emperador le contestó por fisga en el propio lenguaje. Darás es futuro pro- venzal y español; y la Provenza de entonces era posesión de los godos. Nuestros futuros imperfectos ó simples de indicativo se formaron del presente de infinitivo de cada verbo y del presente de indicativo del auxiliar haber: darás se compone de dar y de has : dar-he , dar-has , dar-ha , dar-hemos , dar-hedes ó heis , dar- han. Supone ese futuro, pues, que ya el infinitivo latino-clasico daré se hahia convertido en el infinitivo neo-latino dar; supone que estaba completamente formado el auxiliar neo-latino haber, diferente del habe.re latino; supone un sistema de conjugación, completo y distinto de la conjugación clásica romana; supone, en

(1) Ehjmolog., libro r, capítulo xxxn.

XVI ORÍGENES DE i. a LENGUA ESPAÑOLA.

fin, un Lenguaje nuevo; porque bien sabéis, Señores, que el ver- bo es el idioma. Por lo mismo que esa palabra supone tanto, quiero dejar por ahora el hecho en la categoría de simple suposieion. Obsérvese, empero, que Áünonio, en el siglo t , creia que la don- jugacion del verbo neolatino contaba ya cuatrocientos años de antigüedad, por lo menos: alguna había de tener, aunque no fuese tanta. En 8 12 . Carlos el Calvo y Luís el Germánico juraron un tratado de alianza en romance francés; en 7 40 , un obispo sardo se dirigía á sus compatriotas en un romance de los de Ita- lia: no hay fundamento para negar que en tiempo de D. Pelayo no estuviesen constituidos ya los romances de España, los cuales debían tener con los itálicos y los de Francia muy estrecha her- mandad, liemos citado á San Isidoro, que vivid en el sexto y en el séptimo siglo: en los tiempos de este Prelado, lumbrera de la Iglesia española, no cabe dudar que se hablaba en España latín- el santo, en su obra acerca de los Oficios eclesiásticos , dice termi- nantemente: 'Los intérpretes latinos que tradujeron lo> libros sagrados á nuestra habla [eloquium nostrum) son infinitos.» Pero el misino San Isidoro, en su tratado de Orígenes ó Etimología*, indica también que el vulgo de su época usaba otro lenguaje, di- ferente del délos eruditos, porque en más de veinte ocasiones estampa frases parecidas á éstas : 'El musion es nombrado así por ser enemigo de los mures ( de los ratones) : llámale el vulgo catto, de captura; otros dicen que por lo que catín; esto es, por lo que ve. Bibiones son los que nacen en el vino, que llaman VULGAR- MENTE mustiones ( mosquitos). A éstos ( á los acometidos de ma- nías), llama el vulgo lunáticos. Sinfonía se llama vulgarmente á un madero hueco con una piel tirante por un lado y otro, que golpean los músicos por ambos lados con unas varitas. El latín del Santo ya no era el más puro; impurísimo debía ser el del pueblo. Busquemos ahora alguna muestra de latín español en tiempos anteriores al triunfo decisivo de la Cruz, colocada sobre la corona imperial por el afortunado hijo de Santa Elena.

Á distancia de 3i millas de Roma, según el itinerario del Em- perador Antonino , en la cuenca del lago, dicho Sabatino antigua- mente, y hoy de Br acciono , cerca de la reducida población que .lleva el nombre de Vícarello. hubo y hay unas aguas medicinales

PRÓLOGO. XVII

acidulo-salinas que, miradas por la ciega gentilidad como prodi- giosas, atribuyendo sus efectos, puramente naturales, á particu- lar intervención de las ninfas del sitio y del dios Apolo, fueron llamadas Aguas Apolinares. Haciendo en el año 1852 una obra para mejorar el servicio de aquellos baños, encontraron los tra- bajadores en el fondo del agua muchos millares de monedas de cobre y otros objetos , pías ofrendas de los bañistas á los númenes tutelares de las aguas benéficas: entre estos ex-votos aparecieron tres vasos de camino, los tres de plata, los tres con el itinerario desde Cádiz á Roma , evidente señal de haber pertenecido á españo- les. Comparando el itinerario escrito á buril en los vasos, con el itinerario del Emperador Antonino, se ve que son anteriores á él, porque falla en ellos algún punto de tránsito que fué establecido después; también se observa que los tres itinerarios de los vasos corresponden á diferentes épocas, porque la distribución de las jornadas varía: sobre esto y sobre las importantes cuestiones geográficas que se resuelven con la aparición de antiguallas tan estimables , ha escrito una preciosísima Memoria mi constante amigo y favorecedor, el eruditísimo Sr. D. Aureliano Feíyiández- Guerra. El vaso con trazas de más antiguo tiene en la parte su- perior este letrero : itinerabivh a cades romam; dice en el segun- do: ab cades vsqve ROM* itinerare, y en el tercero , itinerare a gades vsqve roma. El doctísimo Padre G. Marchi, que publicó en la capital del orbe cristiano, años de 1852, el curioso y bien tra- bajado opúsculo en que anunció el descubrimiento de las aguas Apolinares , observa con razón que, á grabar el itinerario de es- tos vasos en Roma, no se hubiera puesto en ellos a Gades, ni ab Cades, ni usque Roma: el platero romano hubiera escrito: á Ga- dibus usque Romam, y no hubiera usado el raro sustantivo itine- rare, sino el propio y genuino de itinerarium. Infiere el P. Mar- chi de estos y otros barbarismos que se leen en dos de los vasos, que siendo los tres utensilios más apropósito para viajeros gadi- tanos que para otro español alguno , hubieron de ser labrados en Cádiz: opinión , en nuestro concepto , más que probable. Cádiz fué siempre una ciudad muy culta; pero, á juzgar por los vasos de camino trabajados allí, los oficiales de platería de Gádes no andaban en el segundo siglo de la era cristiana muy escrupulosos

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XVIII ORÍGENES DE LA LENGUA ESPAÑOLA.

en el uso del idioma latino: probablemente no tendrían absoluta necesidad de saberlo bien, porque asarían otro.

.Tampoco en el siglo anterior, viviendo aún vida mortal nuestro Redentor, deja de notarse lo mismo. Posee la Biblioteca Nacional tres medallas [i ) del Emperador Tiberio, de las que llaman los nu- mismáticos grandes bronces, batidas en Emérita Angosta, con esta leyenda alrededor del busto: oivs. a.vgvstvs. pvter. patria. De- mos por bien escrita la palabra pater, que se nos presenta en abreviatura con las tres primeras letras pat; concedamos que la palabra divs esté en abreviatura también , en lugar de divos; púa el sustantivo patria, que debia estar 011 caso de genitivo, no se baila disculpa. Tampoco en Mérida sabían todos las declinaciones latinas, poco después de la muerte de Augusto. DIS MANES, en vez de Diis Manibua l) aparece escrito en una .inscripción sepnlcral española ; cvbante macedónica ai ate r (3), poniendo nominativo por ablativo, leemos en otra. Cicerón, en su tratado de Divina- tione, libro n , manifiesta que los españoles, lo mismo que los cartagineses, necesitaban de intérprete, para que se les entendiera cuando hablaban en el Senado. Tácito, refiriendo en el libro iv de sus Anales la muerte que al tiránico Pretor Lucio Pisón dio en el año 20 de la era cristiana un labrador de Termes 'hoy Lerma), dice que, en medio de los tormentos con que castigaban al reo, aseguraba él, en su lengua, que aun teniendo á sus cómplices á la vista, nadie peligraría por sus declaraciones. No es de extrañar que fuesen poco elegantes en el latin aquellos que le hablaban >i;i haberle aprendido en el regazo materno.

.Treinta y ocho años antes del nacimiento de Jesucristo había quedado España sometida á las pertinaces armas de los romanos, dos siglos enteros afanadas en la trabajosa conquista. Conforme iban apoderándose de nuestra Península, iba introduciendo en ella el conquistador su lenguaje, por ley y por trato; y si cree- mos á Estrabon, olvidaron pronto los españoles, con el uso del

(1) Se hallan hoy en el Museo Arqueológico.

(2) Ruano, Historia de Córdoba, tomo I, libro I, cap. XII.

(3) Obras de D. Francisco de Quevedo Villegas, colección completa, cor- regida, ordenada é ilustrada por D. Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, tomo II, pág. 658, columna segunda.

TRÓLOGO. XIX

pegadizo idioma, el propio y congénito de cada raza. Ello es ver- dad que el délos vencedores fué usado como habla común desde las columnas de Hércules á las cumbres del Pirineo: en latín se pusieron las inscripciones de los monumentos públicos, de la moneda y lápidas tumulares; en latin escribieron españoles que ocupan distinguido lugar en la numerosa galería de la romana literatura; en latin están las leyes de los visigodos, dueños tam- bién de España, posteriores á lo» romanos; en latin los Concilios de la Iglesia española y los fueros y cartas-pueblas de villas fun- dadas ó restauradas después de la irrupción sarracénica ; en latin hay, por último, cartas de reyes godos, prelados y monjes. Pero esta soberana y prolongadísima dominación oral no pudo ser completa ni uniforme en todo lugar ni en todos los tiempos: los idiomas, como el hombre y cuanto le pertenece, gozan de una duración limitada : nacen , crecen , flaquean y acaban , trasfor- mándose á veces en otros, y nunca pueden extenderse en una forma fija, sino a un grupo de la familia humana, poco dilatado. Muchos siglos que existe una lengua con el nombre de idio- ma italiano, y jamas ha sido general en Italia : uno es el lenguaje de Roma , y otros son el de Ñapóles y Venecia; parecidos y dife- rentes: los patois del reciente vecino Imperio se desvian mucho del habla de JMassillon y Racine; y en nuestra España . el catalán, el valenciano, el asturiano y el gallego, forman lenguas, diferen- tes del idioma peculiar de Castilla, que se llaman dialectos, por la analogía que entre tienen: pero son verdadero» idiomas, porque se formaron y se hablan con independencia unos de otros, y no hay habla que los abrace todos, disponiendo ella sola del caudal común como propio. Estrechando el círculo más, vemos en las Provincias Vascongadas que el éuscaro varía y se subdivide también en dialectos distintos; y si en aquella reducida extensión de terreno, habitada por un pueblo casi sin mezcla, con las mis- mas costumbres, la misma fe y organización política, no ha po- dido haber unaJengua invariable, ¿cómo había de ser una la del vasto imperio romano I) , confusa agregación de castas y lengua-.

(1) Eu la misma Roma, harto tiempo >iglo vm, se grabaron

inscripciones que so pueden ver en la obra de Mr. Perret, titulada Les

XX ORÍGENES DE I. A LES

violenta Babel, ansiosa de sobrepujar á todas las eminencias del mondo! La cual, más infeliz en su suerte que la fábrica de Nem- brot.no fué abandonada por mis obreros: demolida \ arrasada fué por esclavos rebeldes, que no osaban un día poner los pies donde alcanzaba la sombra de Bus almenas, descansadero á la ver. y estorbo para las nubes. Y si toda lengoa lleva en el men de su desorganización y á la par el principio de un desa- rrollo nuevo, ¿cómo babia «le eludir esta ley de la naturaleza el latín, forzadamente articulado en tanto- países, á tanta distancia unos de otros! Así . lo- primeros que lo alterai on fueron los (pie más y mejor lo usaban: los romano- mismos, entre quienes, i vueltas del lenguaje usado por la clase instruida . sonaba ruda y tosca la voz de la plebe, voz desatendida al principio, tolerada después y triunfante al cabo , como irresistible querer de una gran muchedumbre.

Para terminar mis observaciones, diré que si la opinión del Sr. Monlau, que es también la de los eruditos de nota más alta, no queda suficientemente justificada , culpa mia es, y no falta de razones con qué defenderla. Desentendiéndome completamente (porque no es asunto para mí) de la parte (pie han tenido en la organización del romance nuestro la lengua hebraica, el celta, el éuscaro, el fenicio, el griego y algún otro idioma, creo que éste que lleva hoy el nombre de castellano (castellano y aragonés en verdad), se formo principal y directamente de la lengua latina clásica y rústica , empezando á recoger caudal así que se introdujo el latín en España : conserva pocos elementos conocidos de las lenguas primitivas de la Península; recibió de los godos algo , mu- cho más de los árabes; y ya formado, tomó del provenzal y del

Catacombes de Reme, donde Se lee filias y filies^ por filia: ; filie n por filia vi '■ ; riles por vites; mensortim por mensivm; meses j mesis ]><>r men- tes; diorum por diertim; vivas por vivens; vivati por viventi; bibi y hiha por vivo; bigenti nobe por viginti novem; bise por vixit; da por db; y ade- oas, in orationis tuis, in pací . vn o < >i*, pos morte, propio nomen, propter vna filia, septe, centu, lora, idus febr arias , septembres, octobres, novrm- bres, decentares. En una corona se halló este letrero , notable por lo irre- gular de la ortografía : Qvi se eoronaberln biban.

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francés antiguo ciertas locuciones y voces . unas que subsistieron, y otras que no pudieron arraigarse profundamente. Venidas pa- recen de Francia , y quizá partieron de más allá . las palabras aliur , argente, asas, glande, jamáis y mayson, asadas en nues- tro lenguaje antiguo, que proceden sin duda de aliorsúm, argen- tum, ad satis, glans , jam magis y mansio: más propias de los franceses parecen las de afer, apres , domage, encara, estui, lai- do , nombre en la significación de número, orage, repaire , si- re y otras, que les fueron ya restituidas, borrándolas de su Dic- cionario Castilla al inventariar su tesoro lingüístico en el si- glo xvi ; pero una docena de frases y un ciento de voces no for- man un idioma , que indudablemente estaba ya becho al mediar el octavo siglo.

>De uno y medio á esta parte es cuando el francés ha invadido nuestra literatura y nuestra lengua; no así mil años há: no habia entonces en cada rincón de Castilla un libro ó papel impreso por españoles , que enseñara y propagase las voces y locuciones trans- pirenaicas. El francés que venía entonces á España , ora hablase la lengua de oc, ora la de o'il, no podia hacer lo que hacen hoy el periódico y el libro, compuestos en no buen castellano : el ad- venedizo, fuese capitán ó mercader, sacerdote ú obrero, tenía que aprender nuestro idioma en lo que se apartara del suyo; y lo aprendía bien , lo hablaría como los del país; y si lo aprendía mal , no habian de ser sus equivocaciones modelo para los caste- llanos y regla de castizo lenguaje: sucedería entonces aquí lo que hoy nos acontece á nosotros en tierra extranjera, y les pasa en Madrid á esos buenos hombres que anuncian en el Diario de Ali- sos tener de venta sillerías de madera escultada y mirlos cantan- do. Los franceses han formado los diferentes dialectos ó idiomas de su nación, y nosotros los nuestros; hemos tomado unos de otros, porque somos vecinos, y aun á veces hermanos; pero la lengua en general, es obra de casa. El latin oral no podia vivir siempre : tan viejo se hubo de hacer de allá como de esta parte del Pirineo. Si convertirlo en nuestro romance fué elaborar una lengua nueva, nadie podrá negar á los españoles la facultad de hablar, concedida por Dios al primer hombre, aun antes que le diese una compañera; si fué corromperlo, ciento cincuenta años que en

XXII ORÍGENES DE I.A LENGUA KSPAÑ

prosa y en verso estamos dando muchos españoles pruebas dia- rias de que no necesitamos ajeno auxilio para lastimar y desfigu- rar un idioma: no me lo podréis negar los que veis una prueba más en el desaliñado lenguaje de este pobre discurso.»

Las notas que para la presente edición ha escrito mi buen amigo, el señor don Eduardo de Mier, indispensables las más, útiles, oportunas, discretísimas todas, la enriquecen brillante- mente, y la hacen acreedora á una acogida en que el Público, aun otorgándola muy benévola , no por eso traspasará los límites de la justicia.

Juan Eugenio Hartzenbusch.

AL SEÑOR

DON BLAS ANTONIO NASSARBE Y FElilllZ,

DOCTOR EN AMBOS DERECHOS, PERITÍSIMO EN ELLOS, T DIEZ Y NIEVE AÑOS PROFESOR INSIGNE DEL CANÓNICO EN LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA; ACADÉMICO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, ILUSTRADOR DEL LENGUAJE MODERNO Y ANTIGUO: BI- BLIOTECARIO MAYOR DEL REY NUESTRO SEÑOR DON FELIPE V, Y RECOJEDOR INTELIGENTÍSIMO DE PRECIOSOS Y SINGULARES LIBROS, IMPRESOS Y MANUSCRITOS; DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD EN LA REAL JUNTA DEL PATRONATO DE LA CORONA , Y DEFENSOR ACÉR- RIMO DE SUS ANTIGUOS DERECHOS ¡ PRELADO CONSISTORIAL DEL REAL MONASTERIO DE SAN MARTIN DE ACOBA , DIGNIDAD DE LA SANTA IGLESIA DE LUGO, DILIGENTE PROPAGADOR DE LA DISCI- PLINA ECLESIÁSTICA

D. GREGORIO MAYANS Y SISCAR

OfRBCS ESTOS TRATADO*

DE LOS ORÍGENES DE LA LENGUA ESPAÑOLA,

ido de ellos propio, para lograr la censura de tan pran maestro , y los demás ajenos, par* verlos dignamente '¿timados.

CENSURA DE DON MANUEL FRANCISCO RODRÍGUEZ DE

Castro, Dean y Canónigo de la Santa , Apostólica y Metropolitana Iglesia de Santiago , Colegial que fué en el Mayor de San Clemente, de Bolonia, Doctor en Cánones , y Catedrático de Leyes en aquella Universidad , y Consultor del Santo Oficio de Inquisición de la misma Ciudad : por Comisión del Señor Licenciado Don Antonio Vázquez Goyánes , Presbítero , Abogado de los Reales Consejos, y Teniente de Vicario de la Villa de Madrid y su partido , etc.

Los Orígenes de la Lengua Española son tan varios, que pedian la trabajosa diligencia de muchos observadores y la aplicación de uno que lo recogiese todo. Así lo vemos practicado por espacio de docientos años, en cuyo tiempo algunos hombres eruditos y amantes de nuestra Lengua han ido averiguando sus orígenes, reduciéndolos á ciertas clases, para que, aplicados los vocablos á cada Lengua Matriz, se busquen en ellas y se hallen con mayor facilidad las causas de las primeras imposiciones. Verdad es que estas obras , que por el mucho trabajo que suponen , son muy grandes, por la pequenez de su volumen, ó desaparecieron, ó hubieron de arrimarse á otras más corpulentas; y algunas de ellas, por desgracia de sus autores, nunca llegaron á ver la pú- blica luz. Pero Don Gregorio Mayáns y Sisear, Bibliotecario del Rey nuestro Señor, con aquel genio suyo nada avaro de lo que sabe, y liberal en comunicar los desvelos ajenos (de que tiene dados tan ilustres ejemplos), ha recogido diferentes obrillas de varios autores, pertenecientes todas ai Lenguaje Español; y or- denándolas según pedian los asuntos, las ha unido , para que juntas puedan conservarse mejor. A este Cuerpo Literario faltaba una como alma, y también la dio Don Gregorio; pues ha escrito, y desea publicar, una Instrucción sobre los Orígenes de la Lengua Española, la cual sirva de idea para los que quieran tratar se-

XXVI 0BÍO1HM i>n i.,\ LÍHOtJi

mojante asunto. Cualquiera que baya leido los eruditísimos libros del Origen de la Lengua Castellana , que escribió el Doctor y Ca- nónigo Bernardo Aldrete, con ayuda de su Hermano, el Doctor Josef (entrambos bombres doctísimos), pensará que es inútil em- prender el mismo asunto; pero si lee lo